¿Nueva realidad, nuevos negocios?

Hace un año cuando hablábamos de la pandemia lo hacíamos con mucha reserva, con gran incertidumbre y hasta con temor, sí, con el ya conocido miedo a lo desconocido. Hoy seguimos hablando de la misma pandemia pero con una mirada menos fatalista y tratando de ser más imparciales. Conste, tratamos de serlo.

También hace un año surgió el concepto “nueva realidad” (o “nueva normalidad”) para intentar describir la forma en la que el mundo debería adaptarse cuando la pandemia llegara a su fin, particularmente en el ámbito de los negocios. Nueva realidad, nuevos negocios. Parecía una afirmación lógica y determinante… pero con muy poco sustento.

Ahora que podemos ver más claramente el fin de la pandemia aunque no en el corto plazo ¿en verdad estamos viviendo una “nueva realidad”? Afortunadamente no. Muchos proyectos, planes, estudios, empleos, diversiones, actividades y costumbres se detuvieron, eso es innegable. Y tuvieron que transformar su medio de realización, pero no su esencia.

Los maestros utilizaron medios digitales para transmitir sus conocimientos apoyados por los padres de familia. Los negocios buscaron vías alternativas para promover y entregar sus productos y servicios. Las charlas con amigos disfrutando un café y una rebanada de pastel continuaron de manera virtual aunque tuviéramos que prepararnos nosotros mismos ese café y si no contábamos con una buena conexión a Internet, más que charlas parecían discusiones. Y además adquirimos la costumbre de sentarnos a tratar temas de trabajo o de negocios en la mesita de nuestra sala o cocina.

¿Todo esto es nuevo? Para nada, aunque para muchas personas sí lo fue. Gente que utilizaba su teléfono solo para chatear o revisar sus redes se vio obligada a aprender cómo hacer una presentación en línea, a celebrar videollamadas o a realizar sus operaciones bancarias mediante una aplicación. Nuevo para ellas pero no para el resto del mundo.

Esta pandemia aceleró lo que ya venía ocurriendo más no lo inventó y pronto comenzará la desaceleración en el uso de las herramientas tecnológicas ya mencionadas. En adelante seguirán las clases en línea pero los jóvenes están impacientes por regresar a las clases presenciales aunque el maestro sea un poco aburrido. Los aficionados a eventos deportivos y artísticos seguirán utilizando Internet y televisión para mantenerse al día, y también volverán a llenar estadios.

La mayoría de los empleados querrán seguir trabajando desde su casa pero las empresas no lo permitirán. Y un enorme porcentaje de actividades productivas continuarán realizándose dentro de las fábricas sin la menor posibilidad de intercambiarse por trabajo a distancia. Esto no es una nueva realidad sino la misma, solo que con nuevas formas de expresarse.

Lo esencial no cambia. Antes y ahora una buena empresa lo es solo si está organizada, si conoce y atiende bien a sus clientes y empleados, si se toma el tiempo suficiente para analizar su desempeño y hacer los cambios necesarios, si utiliza la tecnología mínima para que sus procesos sean eficientes, si planea a largo plazo destinando los recursos necesarios…

¿Tecnología mínima? Es aquella que permite mejorar la eficiencia de nuestros procesos en un porcentaje significativo haciendo una inversión (o gasto) que no sea oneroso ni de gran impacto en las utilidades de nuestra empresa. Sabemos que los productos tecnológicos (hardware) bajan de precio inevitable y constantemente desde su lanzamiento, pero el costo de los programas (software) normalmente se mantiene estable.

Sin embargo, el software es mucho más amigable y maleable que la máquina que lo contiene por lo que su uso puede ser mucho más rentable que aquella. Hoy las soluciones de información son tan flexibles y accesibles en costo, que quienes no las utilizan carecen de una justificación razonable. La realidad no tiene relación con lo viejo o con lo nuevo sino con el presente, así que ante nuestra realidad actual es mejor tener buenos negocios, hoy.

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¿Nueva realidad, nuevos
negocios?
Sadday Preciado Mariscal 10 junio, 2021
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