¿Decides rápido o decides despacio?
Seguramente conoces el viejo chiste en donde le preguntan a Pepito (o Juanito o Pablito o quien tú quieras J) cuál es el resultado de sumar dos más dos a lo que él responde efusiva e inmediatamente: —“¡Tres!”. Cuando se le informa que es una cifra equivocada, Juanito con gran condescendencia y seguridad cuestiona: —“¿Quieres rapidez o exactitud?”.

Como directivo(a) o empresario(a) ¿qué es lo que esperas de la información que se genera en tu empresa, rapidez o exactitud? La respuesta es bastante obvia ¿verdad? Quieres obtener ambos resultados. Cuando dispongas de la información ¿tomarás con ella una decisión rápida o lenta? Otra respuesta obvia, lo harás rápido. ¿Correcto?
Por desgracia en la vida real, y peor aún en la empresarial, hacer las cosas con velocidad es un objetivo constante. Vender rápido, producir rápido, cobrar rápido… y decidir también rápido. Es entonces cuando entra en juego una fórmula casi infalible: a mayor rapidez, mayor posibilidad de error. Fundamentalmente porque el ser humano decide de manera emocional más que racional.
Desde la psicología en el campo de la toma de decisiones, existen sencillamente las reglas heurísticas, empíricas o prácticas (podríamos llamarlas Reglas Del Camino Más Fácil) que las personas aplicamos frecuentemente con resultados mayoritariamente negativos. Dicho de otra manera, cuando tomamos decisiones lo hacemos con prontitud utilizando nuestra intuición, convencidos de que ésta es correcta y nos equivocamos porque no siempre tenemos la razón.
Y seguramente la próxima vez que debamos tomar una decisión en torno a un asunto similar, volveremos a hacerlo intuitivamente y sí, nos volveremos a equivocar. ¿Alguien ha escuchado aquello de tropezarse dos veces con la misma piedra? Esto tiene una buena explicación, la encontró el psicólogo y Premio Nobel, Daniel Kahneman y la explica de manera formidable en su libro “Pensar rápido, pensar despacio”.
Él sostiene que el cerebro humano crea el pensamiento a través del uso de dos sistemas a los que simplemente llama Sistema 1 y Sistema 2. El Sistema 1 o implícito genera un pensamiento rápido, automático, frecuente, emocional, estereotipado y subconsciente. El Sistema 2 o explícito lo hace de manera lenta, perezosa, poco frecuente, lógica y, calculadora. Además este tipo de pensamiento va acompañado por la consciencia de estar solucionando un problema, es decir, es arrogante.
El Sistema 1 se mueve por la intuición y nos permite hacer tareas sencillas como caminar o cepillarnos los dientes sin esfuerzo. En cambio el Sistema 2 entra en juego cuando realizamos las tareas más complicadas como estudiar o aprender algo nuevo. ¿Cuál crees que usamos más? Exacto, el que nos permite tomar el camino más fácil. Esto parece algo negativo pero no lo es.
Gracias a este sistema 1 es que el ser humano ha logrado sobrevivir y evolucionar enfrentando las dificultades cotidianas que se le presentan (huir de un peligro, reaccionar ante un evento dramático), además de permitirle ahorrar energía. Aunque suene extraño, pensar detenidamente consume más energía, más recursos, y un organismo eficiente los ahorra.
Imaginemos que nos entregan nuestra información rápidamente y con exactitud, por ejemplo los estados financieros (conste, es un ejercicio de imaginación) y que éstos vienen acompañados de coloridas gráficas, cuadros comparativos contra años anteriores y hasta los comentarios detallados de parte de nuestro contador con sugerencias de estrategias a seguir para los próximos meses. ¿Qué nos dirá nuestro sistema 1? Que todo está bien, que tenemos un excelente contador y que le paguemos sus honorarios del mes. Una decisión rápida e intuitiva.
Sin embargo, y aquí viene lo emocionante, nosotros tenemos la alternativa de despertar a nuestro perezoso sistema 2 y dedicarle el tiempo suficiente para entender, analizar, cuestionar y obtener conclusiones sobre la información recibida. Una decisión lenta y racional.
En las empresas todos los días transcurren en medio de llamadas, entregas, mensajes y un sinnúmero de actividades que las orillan a pensar que mientras más rápido lo hagan será mucho mejor.  Lo relevante de este asunto no tiene que ver con la rapidez ni con la exactitud de la información que recibas sino con la dedicación y el esfuerzo que estés dispuesto(a) a entregar para que en tu empresa se tomen las decisiones de la mejor manera posible.
Cambia la velocidad por la idoneidad. Deja que Spechi se encargue de facilitar tu proceso para contar con información rápida y exacta y así podrás enfocarte en aprovechar al máximo tu capacidad de decisión.
¿Decides rápido o decides despacio?
Administrator 23 abril, 2021
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